jueves, 16 de diciembre de 2021

Tu eres

 Te he mirado a fondo, toqué tu alma y abrace tus miedos.

Te conocí, imaginé tu sinceridad y era verdadera, trascendente.
Pero no.

Tal vez te mientes a tí mismo, 
tal vez no puedes mirarte y aceptarlo.
Dentro de tu alma llena de amor, eres cruel y lo sabes.

Entiendes el mundo y el alcance de tus acciones, pero lo evades, 
disfrutas amar solo cuando están en tus manos.

Es como si desearas tener una mascota, 
una que viviera en tu mano y no brillara.

Entregas tanta calidez y emites tanta belleza que olvidas lo que quieres: tener una mascota. Una que amar y cuidar, un pequeño cachorro que se conforma. 
Que te mira y es feliz, pero en realidad no elige, no ama.

Eres una pera muy dulce, una fruta que nutre, bella y no tan común.
Tu voz es como el viento frío de la mañana, suave, freco, sereno,  
lleva consigo calma y tintes del bosque, el olor de la tierra y el conocimiento de los árboles.
Yo te miraba, a tí, que flota por debajo de tu decidida crueldad.

Pude amarte, 
mire por largo tiempo tu franqueza, disfrute de tu belleza.
Absorbí tu amor, tomé tus cuidados, llené algunos huecos y pude haberte amado.

Tomé en mis brazos tus debilidades y te alimentaste de mis deseos.
Un día conociste mi fuerza y la comiste para ti, decidiste ser tu.
Resolviste comprar sin pagar, beber sin cuidado y ser tu.

Pero te mientes, me mientes.
Eres tan solo una fruta, 
una que e se alimenta y se marchita sin llegar al suelo. 
Una fruta dulce que no da semillas y se acaba sin llegar a serlo.





Diana Flores

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